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Viro rumbo oeste franco, hacia donde esta mi Maracaibo
en esta travesía de regreso, tantas veces hecha
cual letárgica metáfora voy recogiendo
(en mi memoria)
tanto disperso paso, que en falso di.
El sol se refleja sobre el lago
marca un anaranjado sendero que seguir
sobre los marullos que se pinta de blanca espuma
… “el pañuelito blanco” Como dicen los pescadores…
(Que ya casi nada pescan).
Son apenas diez minutos para cruzar el lago
de punta e’ palma a Maracaibo
diez minutos, un diferencial de vida
a sesenta y tantas millas, casi volando
pero con cuarenta y cuatro años para reflexionar.
Hoy en la penumbra crepuscular que antecede a la noche
con el cielo desgarrándose entre rosados y grises
sobre las cerúleas aguas Marabinas
pesan cada uno, con las cargas
de sus trescientos sesenta y cinco días,
el amigo herido que lucha por su vida, victima del hampa
un disparo, que sin mediar palabra, casi le deja sin vida
el llanto de su madre, que en mis recuerdos,
trocó sus lágrimas, en el llanto de la mía
me hizo llorar en la misma sala de emergencia,
que cruce tantas veces
donde a fuerza de fe y esperanzas luchamos por salvarla,
de tan implacable enemigo…el cáncer…
Las sonrisas de mi sobrino Néstor, sus ocurrencias de niño viejo
doce años, pero que esperábamos
tiene solo dos amigos, su padre y su tío
Con los que prefiere estar, en esta casa,
por encima de cualquier cosa
por esos ratos que a punta de jodedera le exprimimos a la vida
nosotros tres, que en silencioso pacto,
extrañamos a nuestra madre, él a su abuela.
Esta loca realidad disociada, en la que vivo,
donde de tanto pretender; ya no pretendo nada.
Mis primos, a todos nos crio la misma mujer (Juana Ramírez),
con diferentes nombres, Olga, Luisa, Emperatriz, Janet y Xiomara
mis tías tan igualitas, tan especiales.
De los catorce que pario, cuatro se le murieron,
los otros diez los crio como iba viniendo el tiempo
nunca le falto la fuerza pa’ meterle mano a el nieto,
pa’ que aprendiera a comer, que se sentara derecho
y su sinfín de refranes, sabiduría de los viejos
recuerdo en especial, el que mas gracia me hace
“cuando el pobre va de culo no hay barranco que lo ataje”
Juana Ramírez, abuela, que por estas mismas aguas
escapo de Ceuta, pueblo de agua
huyendo de la desesperanza y el infortunio,
pero mas que nada, huía de la incultura del no saber,
preñada como estaba, a bordo de una piragua,
preñada de las ideas que allá en Ceuta la encerraban.
Viro oeste franco, sobre un marullo verde esmeralda
de cresta espumosita, que me impulsa,
desde la cumbre de la ola hasta el valle
una y otra vez, así como en la vida
a veces en la cumbre a veces en el valle
…a veces tan abajo…
Rodando por las calles.
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