No sé si las amapolas tienen olor
tampoco conozco el tiempo
de los rayos de sol
al nadar en el mar
ni las canciones
ni las palabras que aprendiste
leyendo o escuchando
en algún lugar
que cabe destacar
no he visitado
No sé sobre la materialización
de siluetas incorpóreas
sobre montañas sagradas en mundos lejanos
ni con qué frecuencia
recuerdas
que los recuerdos regresan
y se van
pero algunas veces
se quedan
Sólo sé que tu olor
como ladrillo de azúcar
se quedó en mi sentido del olfato
que a pesar del tiempo
del sol
y de todas las veces que he nadado en el mar
aún lo conozco
y los poemas que te escribí antes
y las palabras que me escribiste
las canciones que escuchamos
(aún escucho “Me haces bien de Drexler”)
y los lugares que inventamos
los que existen y no conozco
pero destaco
si me guías/te seguiré
Sé que te sueño
y que siempre es real
que eres real
como las montañas de Nepal
y que entre tanto vaivén
de recuerdos
aunque callado y pendejo
me quedé y me quedo
Y no me importa si una oveja está destinada al matadero
o si me venden aceitunas rellenas con pimentón
en lugar de anchoas
(cosa que generalmente me molestaría)
O si alguien lee éste poema
y opina que es lo peor que he escrito