vemos,
allá donde nacen los vendavales
entre los ojos grises de nubes
enfermas y estrechas,
la mano tendida:
un esbozo de color derramándose
por heridas abiertas
que el tiempo de las promesas no curó.
vemos,
debajo la pátina de hierro
de todas esas hojas secas,
en el de par en par
de todas esa casa destruídas,
veremos,
aunque éstas tintas,
y el albor enfermizo de todas esas noches
proscritas
nos sequen los ojos
con paños de espejo roto
tras del cual, me juraron,
hay todavía
vida.
|