Sería difícil para mí
negar las apetencias,
y atribuirle al viento la razón,
el pensar se me hace sólido
y puedo moldear las ideas
como si fuesen de arcilla,
solo quiero un trozo de sol
que nunca haya lastimado
y que haya conocido tu piel,
no te acariciaría ahora como hizo él,
quizá sepa ya, que entonces no supo hacerlo,
y que el acariciar es como un músculo
que no siempre se tiene bien desarrollado...
me pasó a mi, contigo en el mismo aliento,
que eras demasiada piel para un imberbe,
y creí así, cansarme de lo que me superaba,
en estas mañanas frías te rescato del pasado,
y te traigo ante mis pausadas caricias maduras,
gustándome mucho más este nuevo control,
ahora soy la capacidad, y tú mi lectura,
pero por aquel entonces, te abrí ante mis ojos,
y te creí solo unas frases sin sentido,
hoy te retomo para exculparme,
seguro de que ahora sabría leerte
en una exigua forma de delirio,
excúsame, buen libro de sentires,
no fui inocente, sino leve y alumno,
y hoy debería volver a sumergirme en ti,
para con la ley del disfrute, y las arrugas,
con las ganas caducas, y el alma con lentes,
poder sentarme al borde de tus delirios,
ya sé que eres libro maduro, y expresión austera,
y que te gusta el silencio, y la humedad del olvido,
pero que casi mala suerte, que yo tanto te recuerde,
entre toda esta vida ya dejada atrás,
queda aún el lugar privilegiado
para una espontánea segunda oportunidad,
y te leeré de nuevo, quiero creer,
mejor que nunca, entendiéndote toda,
como lector avezado, desde la experiencia.
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