Ay señor que hace de mis horas la hora del amor si pudiera despertarme junto a usted, caminar las mismas calles; mirar juntos el mismo sol cansado ahogarse en el anaranjado del horizonte en la misma playa donde los pescadores viejos quieren solo un abrigo mas grueso de lana en el invierno mientras recogen las imprescindibles redes que mitigan su hambre cada día.