Escribo y leo. Vivo en una ciudad de provincia llena de dioses vegetales. Las personas que más admiro son aquellas que poseen el sagrado don del silencio. Valoro también a los lentos. Creo en la lentitud como un camino de salvación. Desde hace treinta años me enseño filosofía leyendo a Chesterton. Es obvio informar que mis refranes predilectos son: "Poco a poco se anda lejos" y "No por mucho madrugar amanece más temprano".