Dejarse llevar, luego volver y ver que estas allí,
entregando todos los días tu palabra,
un don profundo que asombra al mundo,
un espíritu que acompaña las almas perdidas
en un bosque sin salidas
y así logras tocar los corazones heridos,
los levantas hacia un nuevo camino,
le enseñas la verdad y le das a probar de ti.
Con tu mirada me sigues,
dando paso a paso una esperanza,
atas mi mano a la tuya,
la mía enseguida la diriges a otro semejante
y yo cedo eternamente a tu mandato. |