Consecuencia absurda,
esa, la de los lados,
la que circunda las redes,
robustas, hechas de roble
y retoños.
Litigio incierto,
ese, el de los enojos,
el que se empeña en seguir,
terco, mandado por la vida
y la muerte.
Hueco inmenso,
aquél, el de los porqués,
dudosos, atormentando las noches
y los amaneceres. |