Desliza tus manos lentamente, pero que susurren la caricia al contacto, pero que se detengan en mis hombros, que mis piernas buscan entre pliegues de algodón, que mis manos buscan errantes en tu espalda.
No mires el vacío con ojos tan abiertos, ojos náufragos, clavados en el horizonte, como queriendo borrar su línea; la línea de mis labios; la línea de mi cuerpo ante el árbol; mi silueta hundida en la tierra.
Acerca tu mano, de manera que se haga más oscura que el resto de la escena, y seca el sudor de los surcos que besé, y siente de nuevo la humedad de mis poros escondidos en tu piel. Bájala un poco, sólo unos centímetros, está muy cerca de tu boca, y ahora te estoy sintiendo, ahora me estás escuchando.
Viviré siempre, como fui, entre tu pecho y tus manos, hasta el día que te caigas del planeta, para recibirte en el cosmos.
PS: No será necesario que comas cerillos. Seremos Agua, Fuego y Aire. |