El espeluzno necrófago es la versión pretérita de una constante mórbida que supera la memoria. Es el fruto de la idolatría mediática que sigue los carriles en la distracción de los excesos, representando el albañal del simulacro y de la incuestionable anomia.
Los fantasmas han regresado a vomitar presencia, mientras los pseudo secuaces vivientes continúan emblematizando injurias, corrupción y oficios sin condena. La verdad expuesta representa el columpio donde la víctima incomoda con su silencio permanente. Entonces, todo se torna despropósito, acumulando intereses partidarios en cada granero, y a medida que la infamia se procesa, la venganza y la súplica judicativa se estrangulan en el cenutrio acontecer de la culpa y de los odios.
El pasado sin visos de futuro estanca el criterio evolutivo. ¿Cuántos iguales abundan las tinieblas de haber sido? ¿Quién ha respondido por las voces de la angustia, callando sus ausencias? ¿Acaso la justicia de los últimos treinta años solamente se corresponde al poder infracto?
No habrá pacificación en Argentina, pues nunca hemos aprendido de los ejemplos históricos que nos hablan de circunstancias mucho más atroces, sucedidas y diagramadas por el hombre. La guerra de secesión estadounidense; las luchas en Francia sostenida entre monárquicos y revolucionarios; el sangriento levantamiento bolchevique; la aniquilación franquista contra los republicanos; el exterminio judío acontecido en la Alemania nazi. Estos paradigmas nos demuestran que los países han conseguido reconciliar sus dolorosas diferencias en pos de un acuerdo unificador, permitiéndoles alcanzar extraordinarios procesos evolutivos.
Lamentablemente, no somos capaces de ejercer la democracia. La desvergüenza y la partidocracia “del todo vale”, únicamente a servido para que unos pocos políticos se hayan convertido en la nueva clase oligárquica que rige los destinos de nuestra nación.
No se puede vivir sin la maduración del sentido común, provocando la recurrente intolerancia de un pasado que sigue teniendo vigencia en la inimicísima voluntad, aprovechada por una incongruente dirigencia.
Las realidades de hoy representan lo contrario a las quimeras de ayer. |