Por los días de gloria infinita,
por las noches en que llegué hasta el cielo
y pude contemplar de cerca las estrellas.
Por los días en que por fin pude sonreír,
y por aquellos, en donde por aprender también lloré.
Por mi terquedad e insistencia
de querer cambiar al mundo,
sin sospechar,
que era el mundo el que me cambiaba
y me enseñaba que sólo bastaba con creer
para entonces poder soñar y vivir.
Por el amor que llegó un día
y no se fue nunca más,
sembrándome de mariposas y luciérnagas
la vida
invadiéndome todo el cuerpo y toda el alma
de fe y de esperanza.
Por todo el remanso de paz
que me dieron sus ojos
y sus brazos en cada ocaso,
...ya puedo morir tranquila.
Por toda la pureza de éste amor
al que un día le abrieron la puerta
permitiéndome llegar y llenar con magia
la casa en donde me quedé a vivir para siempre.
Por todos los amigos que amé,
a los que llegaron y nunca se fueron,
por todos los que se perdieron en el tránsito de la vida,
y por aquellos que sin comprendernos,
dejamos huella y semillas de lección compartida.
Por la estela de este amor que dejo,
y por aquel que camina conmigo ahora y para siempre,
por los que ocuparon un lugar especial en mí,
por todo lo que me han dado y todo lo que les di,
por su paciencia,
a pesar de ellos,
a pesar de todos,
y a pesar de mí.
Por la poesía,
Por la música,
por los buenos momentos,
desde ahora y para siempre...
ya puedo morir tranquila.
Emilva Trujillo |