No puedo dormir.
Un ejército de bachacos baila fox trot
en la parte de adentro de mis párpados.
Insomnio, que llaman.
Mamá dice que lo que estoy es loco.
¿Qué me queda?
La piadosa ventana.
Asomarme afuera y ver a mi gata negra
que viene a hacerme compañía cada noche.
Me deleita jugando con las cucarachas que atrapa.
Las destroza poco a poco con sus garritas.
O me entretiene sólo con sentarse ahí,
mientras los ojos se le prenden
y parecieran estar quemándose dulcemente por dentro.
A veces escucho un chillido.
Mi gatita, mi panterita diabólica,
desguasa a una rata sucia y enorme
que se aventuró a los pipotes de basura.
Es buena cazadora, mi leona.
Otras veces los chillidos son de mi gata,
pero es porque un gato se la está cogiendo. |