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¿qué destino en la materia de las cosas
dejó en ellas la forma de mi vida
hasta fijarme en su pozo de ausencia?
¿quién en sus muros grabó mi poesía,
antes de ser ésta mi casa,
para que las palabras se despierten
desde la quietud de los armarios,
las puertas, la alacena, el mecedor,
y el reloj ya sin tiempo?
.eugenio montejo.
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no puedes lavarme…
no hay agua que desprenda el arraigo…
-de quienes son vástagos-
de una misma hoguera…
trae manos extranjeras
a que friccionen
(las
cicatrices
que
dejaron
mis
centellas…)
que te den vuelta…
una y otra vez…
todas las sacudidas
que el arrepentimiento
te conceda como bono
serán inútiles…
(son intentos pueriles…)
tu sabes muy bien…
que yo soy la única ama
del lenguaje del fuego…
que me pertenecen los relámpagos
-y todos sus derivados…-
y que también, con el río… contrapunteo
que voy contenida en cada gota de lluvia…
(donde
absorto
remojas
tu
melancolía…)
que le dí sentido a tus temblores
cuando me hice verso vivo en tu vientre…
que las señales que devorabas al presentirme…
(todas
eran
a
tu
medida…)
que me abrí camino entre la maraña
de todas esas eras confundidas
que sobreviví a todos los cambios de color
que han tenido los mares
(sólo
para
llegarte
a
vos…)
que mi aliento es poesía
reverberando en tu pecho
que no pudo abatirme
la exacta geometría de la distancia
que soy efluvio de tus poros…
ardor de tu plexo
conmoción y disturbio en tus huesos…
fogonazo abriéndose senda entre espejismos
eco de pertenencia desflorando las sincronías…
no puedes arrancarme…
no hay fuerza que diluya
la zanja que deja un trueno…
ve y busca besos de tránsito…
muslos necesitados de alabanzas
y pechos ofrecidos en comodato…
vientres prestados
preñados de lujuria de utilería…
que tu sabes muy bien…
(que
tu
sombra
lleva
mis
labios
tatuados
a
quema ropa…)
que te hablo desde las paredes
donde tu mano en carmesí intento
-me tornó en lucha…-
que es mi nombre el que te palpita en la boca:
cuando las ráfagas de la nostalgia enfrían tu ocaso..
que soy pensamiento obligado…
cada vez, que tu aliento,
mata la flama de una vela…
que yo develé en tus ojos la faz de la “saudade”
no puedes amordazarme…
no hay silencio que lapide
mi verbo presente en tu sexo…
-no pierdas tiempo conjugándome al revés…-
(soy
el
grito
que
despierta
tu
impar
geografía…)
el credo averiado que recitas en las noches…
-en las que ves-
tanto vacío en tu cama tan llena…
ve y trae un puñado de cruces…
(arrodíllate
ante
altares
de
ídolos
prefabricados…)
ofréndale tus canciones,
tus versos de agua…
la última mirada a tu río…
la primera hoja que se aparta de tu árbol…
el hacha con la que cortas…
(el
viento
que
me
nombra…)
que serán más y más ritos huérfanos
más y más ratos turbios
que a mí…
no me exilan conjuros macilentos…
-ni perdones deshilachados-
que se arrinconan en las almohadas..
yo no me escondo…
ni tengo deudas de honor…
no hice pactos ante curas
ni estoy rompiendo hilos de plata…
ni soy yo la que se desangra
en letras que quieren ser duras,
(pero que son cursis…)
yo no voy a morirme por ti…
(ni quiero que te mueras por mi…)
no es mío el reguero de sangre
que se congela, en el filo inocente de mi pie..
no es a mi… (afortunadamente…)
a la que le están floreciendo llagas en la garganta…
y que se quiebren todas las máscaras
los telones arriba están de brazos caídos…
y yo soy el único temblor que titila
en los bordes de este tiempo
de verdades y despedidas…
no pudiste negar (te) –le- (me)
mi presencia tácita en tu costado…
la contracción de tu vientre…
(cuando
te
piensas
hundido
en
mi
cuerpo…)
tu ansiedad que en mi se vuelve camino…
no me olvidarás…
no hay forma de erradicar
-mi cadencia de vendaval-
anidada en tus venas…
porque para bien o para mal…
yo, mi palabra…
mi caudal de versos en cascadas
ésta arcana sabiduría,
todos los oráculos de mi piel…
(y
la
profecía
de
mis
labios
-decantando-
tu
sexo…)
humedad irreverente
-rojo venablo-
veneno inexorable que se fundió en tu pecho…
(sin antídoto…)
*
©.Rr. ®
2021-09-07
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