Campanas en la Iglesia del Hatillo.
Camino con un amigo, un viejo amigo que se materializó de la nada, en la bruma para hacerme compañía, en este día sin luna.
Callecitas desconocidas, estrechas, una plazoleta desnuda. Sólo 2 ancianitos compartiendo una barquilla. El y ella, 80 años? 50 juntos?.
Dios, mi norte está perdido, mi brújula reposa, se esconde del magnetismo divino, del que orienta.
Comparto con un hombre que ha sufrido, le cuento toda la historia, tal como ha sucedido, sin ambages, sin matices, sin versiones.
Desnuda y pura, para que desde su alma de hombre escuche.
No sé si pueda hacer algo con ella.
No sé si pueda ayudarme, ya el que escuche sin juicios, sin rencores, es una gran experiencia.
La vida sigue estando ahí, yo soy la que está confusa, ensimismada.
Recuerdas? Estoy sin brújula, está escondida.
Sé que tengo que remar, se que tengo que abrir velas. Sé que en puerto hay al menos 2 gemas que esperan.
Mis manos están quietas, mis brazos no responden, mi alma en una tormenta.
Ayúdame Dios mio a mantenerme en la senda.
Mi faro guia se extingue.
El mar no se aquieta.
Ayer era un mar hermoso, azul, inmenso. Se veía en el horizonte un mundo lleno, aguas para ser surcadas que me ayudarían a llegar a puerto.
Hoy. Hoy está embravecido, tiene pérdida en las entrañas.
Remolinos que me llaman, vórtices que me tragan.
Es el mismo mar inmenso. Ayer navegaba en el, me conducía vital a destinos mas ciertos.
Hoy me estremece, mi barco cruje, se llena de agua salada.
Mis remos están partidos, mi velamen enredado entre cuerdas que no acaban.
No encuentro el timón o es que está fijo, hacia un rumbo marcado por el mismo?
Dios, ayúdame a encontrar la solución, a desatar el timón, a encontrar el rumbo.
Lunes en la noche. |