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LA VIGILIA DE JUANA
 
LA VIGILIA DE JUANA
 
LA VIGILIA DE JUANA


Bisturí de cuatro filos,
garganta rota y olvido.
Federico García Lorca


Vos lo buscaste vos lo lograste vos lo alimentaste.


Una sutil artimaña creada por Juan desde el arcón de los recuerdos transportados en el tiempo, y con la que se hacía predecible un despertar controvertido.

Ambos lo engrandecimos y tomó vuelo en un inusitado corcoveo que nos envolvió en vértigos dispares.

Habría sido la Fontana de Trevi a cambio de un euro la responsable del pase mágico... O era sólo el pasaporte para el regreso como dicen los romanos.

El encuentro se produjo cuando ya no te esperaba. Un cruce deslizó su verónica y dió vuelta la plaza de Badalona.

Ni el tiempo ni la distancia ni la perseverancia de muchas búsquedas lo habían hecho posible durante casi cuarenta años. El sendero que él había atravesado estaba sustentado en una insolente y provocadora presencia, desde la que rumiaba el quebradero de su paso iniciático por la adolescencia. Estacionado allí, iba y venía, aparecía y desaparecía, entrampado en su desazón.


Escucho el sonido de la fuente y vuelvo a reír con las mismas ganas con que me di vuelta y la moneda voló por el aire deslizándose en una caída compartida con múltiples formas, tamaños, y colores conjugados en un puñado de cuentas de un collar de caracolas que tarareaban mis oídos.


El regreso urdido por callecitas otoñales, húmedas y silenciosas, ya los había acercado sigilosamente desde ese ayer en el que vivieron suspendidos de una esperanza que se quebró en la incertidumbre de la distancia. Una historia que la escribieron los vencedores. Una historia de la que a ellos sólo les quedaron las heridas y las ausencias.

Las calles de Roma adquirieron un valor que nunca pensé iba a resultarme tan significativo, entre la desidia de quienes preferían el acento francés, inglés o alemán, al hilado monocorde de dos latinoamericanos que sólo querían comer un panini y tomar un vaso de cerveza

El impacto opacó la vibrante acción de pararse frente a la tumba de Julio II mirando de frente los ojos del Moisés , compañero juvenil de las clases de dibujo y con quien las manos jóvenes de Juana delinearon gozosamente tantas y tantas versiones en carbonilla, témpera, acuarela, óleo, colage y vaya a saber cuántas otras interpretaciones.

Ese torso imponente tuvo la virtud de afianzar mi capacidad para dar vida a un instante, aunque no tuviera las condiciones para percibirlo como una circunstancia relevante.

En el registro minucioso de un gatillo fácil, Juana se detenía en cada imagen y una suma de confusiones la hacían trastabillar. ¿Por qué? ¿Para qué? No entendía estar preguntándose un para qué pues era una disyuntiva que resultaba no sólo insensata sino también insostenible.


Nunca imaginé que un desatino provocaría sus frutos con tanta rapidez, porque además nunca creí en esas cuestiones de deseos-pedidos-invocados-cumplidos-insatisfechos- y sí me divertía transitarlos.


Quien en su adolescencia primaria no recuerda la sumatoria de los dígitos del boleto de un colectivo, para hacerlo coincidir únicamente con la letra del alfabeto deseado . Quién no lee sus horóscopos en las publicaciones que los aportan, aunque a los diez minutos se olvide del vaticinio. Forma parte del juego, la fantasía lúdica que da aliento para seguir adelante inocentemente a pesar de todo.

Tres fueron mis deseos.

El primero de ellos se anunció muy pronto pero ella no se atrevió a escucharlo. La realidad indicaría que se venía gestando desde hacía tiempo.

Volvía a sorprenderme.

Temerosa del resultado, una vez más quiso desafiarse a sí misma. Quizás por haberlo imaginado siempre tan difícil, por no decir imposible, tuvo que relacionarlo con un hecho mágico.

Un deseo que venía añejándose. Un deseo que nunca pensé que terminaría en esta incertidumbre.

El terremoto en el grado más alto de la escala que se quiera elegir se había producido en la paz de la ciudad que los había acompañado en el devenir de sus historias.

Eras vos y era yo. No cabía ninguna duda. Ni siquiera la necesidad imperiosa de transformarlo en un algo para guardar en el bolsillo de la nada , como ya casi lo había entramado mi carta desde el pasado, intentado desasirme de un lazo que inmovilizaba lastimando.

Otra vez de frente. Ni los ojos ni las palabras eran suficientes. Confundidos dejaron que el tiempo hiciera lo suyo, mientras se permitieron disfrutarlo por única vez.

Hablaron hasta el cansancio durante horas en las que - cara a cara - armaron la estratégica síntesis de los años pasados. Enfrentaron un presente controvertido, intentaron delinear las búsquedas infructuosas y las decisiones tardías. Habrá sido posible que se escucharan.

Tomamos un café... Caminamos unas cuadras juntos... Entramos en una librería... Inventamos un algo compartido... Otro café en otro lugar sumó más transparencias de esas que nunca mezquinaron nuestras miradas. Lo retardábamos tontamente, pero la despedida tenía que llegar... El intento se repitió tres o cuatro veces, agregando más datos entre besos, promesas, besos, hipotéticos llamados, besos, advertencias, otras veces anunciadas y un último beso suspendido.

El otra vez no se produjo. Un avión lo devolvió al lejano lugar en el que los acontecimientos diarios lo habían puesto a transitar sus quehaceres.

No me quedaban dudas de que un nuevo distanciamiento se anunciaba, la vereda geográfica marcaba otro continente y para quienes estábamos acostumbrados al vibrar de las voces era un imponderable. Sin embargo no fue así.
Las idas y venidas de palabras en las que empezaste a querer saber si tus recuerdos de adolescencia habían quedado en buenas manos, de qué y cómo había llevado llevaba llevaría mis días y vos los tuyos, crearon una intensa, densa y controvertida correspondencia que resignificó tu imagen, y aunque confesaste no saber si estabas en condiciones de sobrellevar el nivel emocional de estas transferencias pareció que algunas ventanas iban abriéndose en unos aires que daban regocijo.

Juana nunca imaginó que le había acompañado tan significativamente durante el recorrido de todo su exilio, que sería capaz de guardar en su memoria datos tan peculiares de su vida, que habría conservado sus cosas personales con tanto cuidado.

En que buenas manos sin duda habían quedado, entre otras cosas, los primeros magros poemas que fui capaz de delinear en copias cuyo destino muy pocos habían tenido no sé si el privilegio o la carga de su resguardo.

Juana estaba segura que de una manera casi inconsciente, lo había buscado en cada uno de los rastros que significaron algo en su paso por el mundo, por eso la resignificación sumó certeza al hecho de poder sentir que no se había equivocado.

Lo que lo hacia más valedero era que la persona que tenía frente a mí después de cuarenta años me gustaba mucho más. Habíamos crecido, padecido, disfrutado, gozado, y algo maltrechos volvíamos a sentir este encuentro, otra vez muy confundidos.

Alguien les había explicado por allí que las relaciones no se afianzan ni por atracción intelectual ni por afinidades múltiples, ni siquiera rendidas al cautiverio de la piel, o la armonía de caracteres afines, sino que únicamente las hace tangibles el factor suerte, dónde suerte no tiene nada que ver con el azar, sino que es sinónimo de oportunidad.

A mi las oportunidades - con vos - me faltaron siempre y a vos te aparecieron a destiempo.

El deseo sólo nace de las miradas, los roces, los olores, las risas, los sabores y sinsabores del cada día. Esta es la causa de una desazón que no les permite callar pero sí que los silencia.

Invierno y verano terminaron juntos para ambos. Sólo quería saber por qué si... Acaso no tenía derecho a ...

No. El que no tiene oportunidades no puede reclamar derechos.

Juana se miraba como tantas veces en el espejo traslúcido de los años caminados. Ambos parecían un par de títeres manipulados por el urdidor de una historia de extranjerías.


Te imagino sin embargo con la mirada perdida a través de la ventana. El olmo empezando a mostrar sus primeros amarillos. Las acuarelas escribiendo sus verdades. El calima ocultándome emblanquecidos tus ojos turbios en un paisaje de verano que se escapa, más una soledad que te dificulta la visión de tus apacibles olivares.


Volvía a repetirse aquella sensación sobre lo que brotaba espontáneamente y sin embargo les resultaba tan difícil. Volvían a renunciar para tomar distancia y renacer de alguna manera a una realidad que se imponía. Volvían tercamente a creer a pesar de todo.

Ya no te imagino.

Testimonios que pulverizan la certeza de saber que las oportunidades no siempre son tangibles desde el mirador de la vigilia y que pueden quedar encerradas en deseos rumiados que no hacen más que replicar un entorno de insatisfacción.

Te veo allí sentado musitando esa oración ateo-pedagógica con la que siempre me llevás a flor de piel... Mientras vuelvo a componer – sin esperanza - un rasguño de esa página en que será de noche y estaremos solos... lacónicamente solos... Vos en tu casa y yo en la mía...

Silvia Haydeé García López.
Noviembre 2005


   
 
 

Fin
 

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  De: anouka3
Nombre: Silvia Haydeé García López.
Publicacíon: 24-Mayo-2008
Silvia Haydeé García López

 
 

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