Nuestros cuerpos tibios
a media luz se descubren,
iniciando así, la danza de la pasión,
donde el compás de tu cadera
y las caricias ardientes,
me hacen sucumbir ante las ganas
de fundirnos en uno,
ganas de consumirnos en el fuego intenso
que ahora somos los dos.
Aún hay silencio, un silencio excitante
con el olor a tu piel,
con el sonido de tu respiración jadeante,
con el sabor de tu boca,
con el tacto de tu lengua,
recorriendo cada parte de mi piel.
Unas piernas lujuriosas,
entre temblores de placer,
te toman fuerte por la espalda,
llevándote al frente del Edén,
entre el calor y la gloria.
El sol se va levantando
y nuestros cuerpos yacen entrelazados,
agotados quedan, en un profundo sueño,
donde aún reina el silencio del amanecer.
(Ingrid Alexandra Morales S. 16-07-08)
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