Cuando ya todas las aulas quedaron vacías y sólo el silencio era cómplice de nuestro juego, te empujé contra la pared y te sujeté entre las piernas, enredando suavemente tu cabello entre mis dedos.
El calor iba en aumento y subiste mi falda mientras yo pasaba mis labios por tu cuello, como quién degusta un buen postre, tu respiración acelerada empezaba a humedecer mi entrepierna, ya muertos de deseo terminamos arrancándonos la ropa, tumbando todo lo que se encontraba en el escritorio, noté que me querías decir algo pero ya las palabras se habían transformado en fuertes gemidos, en ese momento nuestra comunicación era puro instinto, te abalanzaste sobre mi, y me tomaste dulcemente, te abracé en ese instante, apretándote contra mi pecho y giré sobre ti mientras mis caderas danzaban.
Ya exhaustos de placer, acabaste en mi y con una sonrisa que alumbraba todo alrededor; lentamente te apartaste un poco, para luego tomarme de la cintura, abrazarme y con una profunda mirada de amor y deseo, nos dormimos en el lecho.
Por. gatitacaraquena
Ingrid Alexandra Morales S.
Cs, 29-08-2008 |