Orando al gran padre, pedí por un ser cariñoso, compasivo, de buen corazón, un compañero.
Mucho más encontré en ti: dulzura al mirarme, al hablar, al sonreir y el cobijo de un abrazo.
AMOR, sin duda ese fue el sello que marcó tu nombre.
Rara fue tu despedida, enimágtico el motivo que te alejó de mis brazos, pero tu fragancia perdurará en mis memorias.
Por: gatitacaraquena
(Ingrid A. Morales S.)
Cs, 02-09-08 |