Yo no creo en días señalados para celebrar al niño, la madre, el padre, los abuelos, al perro de la esquina y al amor sentido.
Yo no puedo creer que haya quien celebre un sólo día tales acontecimientos y en las celebraciones terminen siendo crónicas de la última página de cualquier diario de cualquier región, porque el alcohol, porque las drogas, porque la vehemencia en el odio y el rencor sembrado desde hace siglos supere lo cierto y verdadero que debe ser la celebración diaria.
Yo no creo en tarjeticas de felicitación porque se ama y se tenga un buen amigo, no creo en las palabras que lo proclaman cuando arrastran cadenas de fraudes y mentiras, de desamores, de reclamos absurdos y de lágrimas más que sonrisas.
Yo no puedo creer que haya alguien con dos dedos de frente , que se preste a llenar los bolsillos del que vende regalitos para las celebraciones de días señalados, cuando cada día debe ser del amor, la solidaridad, el compromiso, el sacrificio, los detalles pequeños, que vayan haciendo la vida en grande, plena, con el placer de ser vivida en la compañía de quienes amamos y respetamos.
Yo no creo en esta gran mentira que hoy pulula como si fuera la gran cosota y no son más que palabras vacías.
Respeto a quien así lo piense y sienta, me da lástima el ladrillo que cargan por sombrero. |