esa hambreada humanidad
encara lágrimas triunfales
vilezas soñando motivos
y cuando recaen
desde la roñosa mejilla
enunciando sinsabores
el brazo ajeno sujeta
zarandeándolo
y viéndole extraño
la sórdida bestia urbana
cunde rea de la calle
ebria la indigencia
pasa sus horas
implorando envidias
malcomidas fruiciones
acaudalados designios
que apuntan hastíos
como mugriento dedo
luchando tocar o acariciar
la cara marchita
de labios ensangrentados
y mirada huérfana
buscando en el cielo
instrumentadas esperanzas
midiendo enarbolados
sedientos trechos
desvaídas distancias
arrastradas y elocuentes
como grosero soez
traicionero lamento
que pugna delirios
fatalidades compartidas
bebiendo insaciables
ardientes venturas
cuando del agrietado cuello
clama con voz ronca
por el letal cigarrillo
que va y viene
y tomándolo diestro
inhala rientes precisiones
soplándolas tal desvaríos
como sombras habitando
el anonimato inmundo
del brocal vagabundo
que inquiere
geodesia mendiga
Fin
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