Hoy decidió ser rubia de ojos rosados ribeteados de verde manzana, y piel de un bronceado hawaiano. Mientras vestía su traje negro autoajustable, pensaba en cómo explicarse lo que estaba pasando. El espejo holográfico le enseñó una Aliryss hermosa, nada impactante, pero hermosa, como debe ser. De forma automática apretó el botón de auto aroma, transfiriendo la elección del perfume a la computadora, ahorrándose una decisión más.
A punto de salir de su habitación recordó no haber recargado su chip de comunicación. Distraída, introduce el meñique izquierdo en la ranura del cargador y se deja llevar por ensoñaciones, hasta que el bip intermitente la vuelve a la realidad. Sacude la melena en un gesto característico del ochenta y nueve por ciento de las féminas (según los últimos estudios psicológicos divulgados por el Instituto de la Ciencia), cruza el salón, vacío a esta hora de la mañana, con pasos decididos y cadenciosos. Entra a la cámara transportadora, esperando sentir el mismo susto estomacal que no ha logrado eliminar.
Abre los ojos y lo ve, sonriente, esperándola con las manos extendidas. Siente mariposas y descargas cuando su cuerpo vuelve a su hogar natural, los brazos de Malthius. Así, con los ojos cerrados y férreamente agarrada a su cuello, logra olvidar todos los kilos que le sobran al amor de su vida, pero el áspero roce de su barba, le recuerda la realidad, mientras se pregunta por millonésima vez, porque se enamoró de un disidente
Las horas pasan volando, como debe ser, entre juras, prácticas sexuales y cena romántica. A las once, Malthius la acompaña a la cámara transportadora, sonríe, lo que acentúa su papada, y le dice:
-Me gustaría que te quedaras. Pero comprendo tu deseo de soledad. Recuerda que tienes hasta pasado mañana para tomar una decisión, no soy yo, pero el clan me presiona.
-Lo sé, lo sé No te preocupes, sabes cuánto te amo -con una media sonrisa.
Se besan otra vez y entra al tubo con un guiño cómplice.
No sale en su apartamento, sino que se va directamente al Departamento de la Conciencia.
En la sala de espera, sigue convenciéndose de que hace lo correcto. No es su culpa de que Malthius se haya unido al clan, o de que se haya dejado engordar adrede (quebrantando la Ley de Belleza obligatoria), o dejarse la barba (Ley de Pulcritud Obligatoria) No es su culpa, definitivamente no lo es. Es su deber como ciudadana de primera clase, total, el amor no es relevante, nos lo dice el Líder a cada rato.
14-04-2010 |