Déjame estar
sin tu compañía,
permanecer en el silencio
añorando tus abrazos,
la proximidad de tu ser.
Déjame estar
con tu recuerdo:
la imagen sempiterna
de un hombre
que jamás existió.
Déjame
que aún persiga
en mis memorias
el fantasma del un amor
que se evadía
en su inexistencia.
¡Oh, querer de los hombres,
espíritu perenne que se forja
en la irrealidad
de los sueños!
¿Por qué, por qué me enseñaste
a quererlo tiernamente
para dejarlo huir
hacia la lejana inmensidad? |