De la nada sin mas, nació una flor y un mundo se abrió en su fantasía. Dieciséis años de pasión rodaron deseosos por mi piel aquella noche, entre las luces y la música. No se permitía la inocencia en ese antro.
Yo lo sabia, la princesa de la piel de vainilla, labios de fresa y ese atractivo olor a menta con canela, que nublaba mis sentidos era la fruta prohibida, pero su prohibido ritmo, la lírica sensual de aquella noche, llevaban mis ojos clavados en la humedad de su boca, cerca, tan cerca.
Debí besarla, casi rosaba mis labios con los suyos y su aliento me embriagaba mas que mil cervezas, cerca, cerca, tan cerca.
Aun siento mi pecho herido por los suyos, diez años después, encontrada, y aun tan cerca. |