descubrimiento del último minuto

La guerra había terminado, lo supe por la ausencia de sonidos que me daba la pauta para salir de mi escondite. Sabía el escenario que me esperaba, y una brumosa duda me acompañó en los últimos minutos antes de volver a ver la luz Lo que no consideré fueron los olores, y fue lo primero que me abordó de golpe. El olor a sangre, a silencios abruptos, a lágrimas. Mi pecho no dejaba de abrirle paso a los latidos tan agitados que me revolvían el estómago también. ¿Para qué sirvió el haberme escondido? Me pregunté con la más aguda tristeza de mi vida. A lo lejos volaba un hombre alado y sin rostro directo hacia mí; con un vuelo templado, rítmico. #8220;La muerte#8221; pensé. #8220;No era tan ácida como muchos la describían, ni siquiera pienso arañar la tierra para hacerla batallar, que me lleve, que me lleve#8221; Planeó hasta llegar sobre mi cabeza y luego a mi dorso, con sus enormes brazos me tomó abrazándome con las alas por un instante, levantando el vuelo hasta muy alto, sobre los edificios y las montañas, sobre las nubes y algunas estrellas. Mientras volábamos, podía escuchar el latido de su corazón. #8220;El si está vivo#8221; pensé. #8220;la muerte, está viva#8221;

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