El mismo astro Rey que me cegaba
Que no me dejaba ver y a ratos me quemaba,
Fue el mismo que me ofreció su protección
Que me cuida por el día y me abandona por la noche
Que me alumbra mi camino y me habla despacito.
Lo que nunca sabrá es lo que hubiera sido:
En los días románticos hablarías con Romeo
Te abrazaría hasta tener agujetas en los brazos,
Luego, a media luz, bailaríamos cogidos de la mano
Mientras te susurro bajito al oído
Y dormiríamos tan pegados que seríamos siameses
En los días de pasión,
Tu cuerpo como carne de aceituna,
Después de un polvo, otro más largo,
Tus labios acabarían donde empiezan los míos
Probando el sabor único de cada peca de tu cuerpo.
En los días tristes,
Hubiera sido tu clínex perfumado,
Permaneciendo simplemente a tu lado,
Haciéndote caricias y besando tus mejillas.
Si hubieras enfermado,
No tengas dudas de que te hubiera mimado,
Mi niña pequeña, la niña de mis ojos,
La mujer de mi vida, mi amante perdida.
En tus días locos,
Lo hubiera dado todo,
La noche madrileña,
Se me quedaría pequeña.
A diario me hubiera esforzado,
En los quehaceres y en el trabajo,
Aunque mi mayor esfuerzo consistiría
En sacarte una sonrisa todos los días.
Pero todo eso tú nunca lo sabrás,
Nunca sabrás lo que hubiera sido
Aunque sí en lo que me he convertido |