Desde el calor de nuestro llano
tu semilla me enseñaste a cultivar
con mística y la certeza en las manos
nunca dudamos de los frutos que podríamos cosechar
en medio de este vacío divagando cual profano
me aturden los sollozos de tu platicar
que de cerca a mis oídos gritaban que no me podrías olvidar,
estruendos recuerdos que opacan mi caminar,
así como se precipitan las alas en las que nos atrevimos a soñar,
pero solo queda un suelo apto para sembrar
sobre lo que el verano disponga con la luz que ha de llegar
pues en este ciclo corto tan gris, opaco y lúgubre invernal
has sepultado las esperanzas de que el sol vuelva a brillar
sobre dos almas gemelas que de espaldas decidieron abdicar
abandonando sus cultivos para mas nunca regresar. |