Tus promesas nos bastaron para calmar mi sed causada por la soledad,
mi carencia por el sonido de la lluvia quebrándose en un inerte instante,
la carencia de la caricia que se ausento de mi mejilla,
su retumbar en el silencio cortando el aire, y así a mi aliento.
Yaciendo en el precipicio de memorias agonizando con cada respirar,
sofocando hasta la hambruna, cada corte de aliento,
inhalando cada suspiro,
extinguiendo cada temblor,
opacando miradas sin dueña,
sucumbiendo al olvido,
desmemoriando cada caricia, y
ensordeciendo la piel,
y su fin de argumento. |