Y deje mis ojos cerrados, mientras mi cuerpo temblaba
de pensar en las emociones que me han envuelto.
Precipitado en un éxtasis singular de placer
y dolor que corrompe mi estabilidad.
Una locura que acompaño mi insaciable deseo de sentir.
Rompiendo silencio, callando al aire, silenciado a lo mundano.
Precipitándome en un alarido insaciable por llorar, por gritar
por calmar el clamor del cuerpo,
sofocando a la mente con recuerdos entretejidos de gemidos hilarantes
sucumbiendo a las tonadas que invaden corazas
y corazones agonizando en libertad por estallar
derramando en lágrimas ante trilogías olvidadas sobre un trago de vodka. |