No me alcanza nada,
ni el ardor, ni el tiempo,
ni el amor, ni el beso;
tu voz, tu mirada,
la piel que deseo...
no me alcanza nada.
En el desafuero
de vivir en marcha
a compás, sin freno,
como una revancha
donde apuesto todo,
donde gano menos
de lo que esperaba;
corro, corro, corro
y en esa batalla
no me alcanza nada.
Tu cuerpo se queda
en la madrugada,
lo oscuro me lleva
y me vuelvo alas,
me enfrento a este mundo
y las horas pasan.
Regreso a tu rumbo
y ya queda poco
de lo que dejara;
preciso tu cuerpo,
pero no me alcanza
en el turbulento
calmar de las aguas:
el fugaz momento
en el que descansas.
Copula el recuerdo,
pero llevo tantas
desgracias en celo
que no quiero nada.
Las horas que tengo
son pocas y amargas,
busco en mis bolsillos
para darte un beso
como un sorbo de agua,
pero todo es poco
ni la vida es larga,
ya no veo tus ojos,
ya no siento nada. |