En el escaparate de almas...
un maniquí se entretiene con mi tiempo muerto.
Sin piel, sin carne, sin huesos...el deseo se apodera de mi desconcierto.
Una mirada de cristal, y el vaho de un suspiro como reflejo.
Y yo...me desnudo también...
...para guardar, del amor que no es ciego, lo supefluo. |