Una niña camino sobre el mar
Creo 100 lagunas
Y un deseo construido real.
Una niña quería crecer
Volverse grande
Y al cielo enloquecer.
Busco plumas para sus alas
Y vidas para sus historias
Que se almacenaran en sus memorias.
Una niña se deslizo encima del océano
Sobrepasando barcos
Danzando
Caminando sobre el horizonte
Sin miedo a lo que el cielo revela
Y el mar esconde
Sin limites para su imaginar.
Aquella niña
Saltó sobre la majestuosa
Agua en su oleaje
Como si se tratara de un llano charco
De esos creados
Por lágrimas de hielo
Y cofres vacíos.
Desafió secretos
Y se impuso a nadar
Ella era una niña
Que no se quería ahogar
Superó el miedo consciente
Dejándose llevar
Por el deseo
Inconsciente
Por la obra de soñar
Y las ganas de trazar
Un nuevo presente.
Una niña
Tejió conjuros
De viejos polvos
Y hadas muertas
Hizo del hilo insignificante
Una red de placeres
Que la abrigan en la noche.
Una niña de ojos tristes
Aullaba a los cisnes
Para flotar esbelta como aquellas
Reinas del cielo
Dueñas del mar.
Esa niña
Veía la playa
Intentando encontrar
La esencia nata
De su equilibrio.
Se hundió
Se hundió
Se hundió
Por más que trataba
El mar se desplazaba
La dejaba caer.
Sus lágrimas
Lloraban
En el agua
Y la marea crecía,
Cerró los ojos
Pensó fuerte
Quiso el deseo
Lo tenía justo en frente
Lo sentía retumbar es su cuerpo.
Por última vez
La niña intentó
Camino sobre la corriente
Posó sus brazos
Estableció su mente
Apuntando a ese norte que quería tocar.
Así flotó ligera la niña
La atrapó el viento
La cargo el mar
Elevando sus sueños
Resucitados en la existencia
Cobrando vida
Naciendo
Reencarnando.
Una niña
Pudo
Voló
Fue bella
Porque destelló estrellas
De noches calladas
Inciensos
Y velas
Una niña
Quiso dejar de suspirar
Por el sueño perdido
Y corrió
A encontrarlo
Para darse cuenta
Que en sí misma
Estaba el poder
De alcanzarlo.
Una niña
Hizo vibrar
A la corriente
Y que el destino cediera.
Una niña
Camino
Sobre el mar
Sacudió al mundo
Con lo que podía lograr.
Su sonrisa
Disparó
Nuevos rayos
Que eclipsaron el sol
Su melena
Se batió salvaje
Se curvó indomable
Y por ese momento
Ese segundo perfecto,
Esa sensación
Se coló en su cuerpo
Ascendió sutil y sublime
Vibrante
Y curvilínea
La niña sintió
El sueño
Lo palpo con los dedos
Del alma
Con el aroma del espíritu
Y los sentidos de la conciencia.
Era libre
Y así supo la niña
Mientras caía la tarde
Y el mundo la escuchaba reír
Mientras jugaba con
Pasión hecha
Y los bosques la buscaban
Ahí supo la niña
Que se había convertido en una mujer.
Daniela Ferreira.
Fin
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