De cierto os digo
que conmigo no vais para ninguna parte.
Al menos es lo que pienso yo que,
a mis treinta y cuatro años,
todavía me despierto temeroso de la Siguanaba,
cabe en mi cerebro el mar sin remordimiento,
y nunca se me eriza el cuerpo
en las mañanas de invierno.
Si me han gustado siempre los arco iris
es porque lo bello me da muchas nostalgia.
Y aunque no parezca correcto
me place mucho la idea,
y estoy aferrado a ella,
de mearme desde una azotea
sobre la cabeza del hermano Toby
San Rafael, CA, julio, 1987 |