Vagó por mi alma desde periodos que se escapan, por imprecisos de la evocación de mi memoria. A hurtadillas su paso se hacía sentir por los laberintos de mis soledades. Por brevedades y por costumbre quizas se aposentaba en una esquina, inmóvil y parecía ausente. Otras imágenes se hacían más nítidas entonces, más nítidas, no más importantes, ni menos. Ayer, me dijo que en la orilla se escuchaba mejor el silencio y se oteaba mejor el horizonte cuando la roca se difuminaba un ápice con cada golpe de la ola. Un murmullo de costumbre entreabrió la puerta y se marcho sin un portazo, sin embargo, puede que sea el rezagado instinto de guarecerse tras los muros mientras amaina el reflejo de sobrevivirle al sentimiento que se niega a ser sucinto, a su pesar, o a nuestros pesares.
E.B.
Ci vediamo nell Angolo. |