Un demonio amarillo corre a través de la piel cruzando el sueño hasta las entrañas. Un momento sin aire ni tiempo. Fantasma que permanece entre las sombras que nos hieren palpitando. Cada vez que lo miramos caemos en ese abismo escarbado en el alma, cada vez que empezamos nos despeñamos interminablemente dentro de nuestras grietas corrompidas y ufanas. Es el final de los tiempos donde el todo se hace nada y se incendia la mirada observando al corazón despedazado, erosionado, lánguido...
Somos sombras que se diluyen entre sueños y memorias |