Contemplando la distancia me diluyo. En tus ojos pierdo el rumbo, extravío la trayectoria, persiguiendo la cordura me he quedado ya sin sombra. Salvaje es el destino cuando desnuda toda analogía. Busco evidencia de tu rastro entre muslos proscritos y poemas profanos. Me niego a olvidar tu rostro. Soy el viento que recorre tus espacios, lamiendo tus curvas y tus restos, arañando al tiempo, desgarrando el miedo que se oculta en tu entresijo, Libertad en las venas que inflama mi pecho. Corazón en llamas, mientras miro hacia otro limbo que seduce mi interior. Es cuestión de fe y fuego. Liberando la mirada arrojando sueños a la nada, esta ausencia inaudita se ha llevado mi memoria. Encuentro mi destino hurgando frenético en las calendas del infinito. Soy la punta de la espada, el susurro y la mirada, el sentido y la razón que esta detrás de este invencible corazón
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