Me he levantado turbado por un sueño esta madrugada, escribía en él una carta a mis maestras, entonces las llamaba y las seguiré llamando señoritas, para que fueran mis amigas, pues estaba sólo, producto de tanto tiempo incomprendido, acaso por mor de mis pensamientos, acaso por mor de un bloqueo generalizado en mí, del desapego de las cosas bonitas... etc.
Ellas recibieron mi misiva y juntos en unión, llorabamos nuestras cuitas, después de cuarenta años de soledad.
Mas al despertar, he reflexionado, nunca, jamás amigo, mendigues la amistad, caldo de cultivo para embaucadores que puedan obtener rédito de ti o sectas que te puedan destruir.
fin |