Y te imagino.
Los años se nos han venido.
El afán de pertenecernos ya es un hecho.
Actos recíprocos, perpetuos,
sin consentimiento.
Sigue siendo piel y beso,
siguen las manos en el cuerpo.
Y por costumbre te imagino, persuadida por el sueño,
por costumbre.
Te imagino y estás dormida, sustentada por mis huesos.
Tu cabeza es para mi hombro como las perlas al cuello,
y en ello descanso,
en silencio.
Te imagino, sin la culpa del pasado ni del tiempo venidero.
Rendida en mi pecho por el afecto y los recuerdos.
Nuestros recuerdos.
Respirando en mí,
te imagino.
Ambos cayendo vencidos en la almohada,
víctimas del exagerado encanto de los besos.
Con el instinto de tus manos enlazadas con las mías,
como piezas de rompecabezas,
como las nubes y el viento.
Nos imagino abrazados.
Y sin la ausencia del calor,
te veo sonriendo,
sin límite de tiempo.
Y tú, consciente del retorno de tu sueño me has rogado un nuevo cuento.
Y al compás de mi mano con tu ombligo
y despojado de mis versos, te lo he dado.
Porque ya te imagino,
conmigo. |