He olvido el sabor de tu boca de durazno,
ese palpitar de hormigueo que corto mi aliento y sofoco mi tranquilidad;
ahora el aire sabe a alquitrán, carcomiendo el sabor a frutas.
He querido retomar la marcha, pero se han anclado tantos tapices entre la búsqueda y la seguridad que no se palpa más el brillo de la estrellas en los cosmos de las miradas.
He tenido tantas secuelas en la piel que el alma no tolera otra herida,
cual heridas cicatrizando y tornando insensible ante nuevos desenvaines.
He contemplado encuentros fantásticos e idolatrías, que la sorpresa se me ha hecho ajena aun en tus desencuentros.
He proclamado colmar de sosiego la mente solo para pernotar consumiendo sensaciones y dejar libre de nuevas cicatrices el corazón.
He querido olvidarte en el firmamento y aun no puedo. |