A Mati le pareció sentir un temblor tras un extraño ruido seco, por lo que alarmado salió a la calle, en previsión de fuese un sismo, pues todos sabemos que tras el primero viene la réplica, y ante el precursor, el principal.
Pasadas tres horas sin haberse producido tales, tomó un taxi, con dirección a la casa de su abuela, que de seguro estaría muerta de miedo.
Al pasar por el Estadio de Fútbol, se dio cuenta que el suelo estaba totalmente agrietado y las losas sobresalían de su ubicación. Salió el tema del seismo.
- ¡Créame amigo que esto no lo a hecho el temblor! -Dijo el taxista.
- Entonces ¿Qué ha podido provocarlo?
- Los Árboles. -Respondió sin más.
Se fijó en el tipo de árboles que eran, todos de pequeño porte: Naranjos y alguna que otra jacaranda. No eran pues árboles de gran porte como el tilo que daba a la ventana del dormitorio de su abuela, ni tan siquiera de una morera.
Llegó a casa de su yaya y volvió a salir el tema del temblor, pero ella afirmó y reafirmó que no había notado tal.
Y en esa conversación estaban cuando el ulular de las sirenas de ambulancias, bomberos y policía local, irrumpieron en ella.
Tras varias horas en su casa, tomó otro taxi de vuelta, pero dos manzanas más adelante fueron obligados a parar por un cordón de la UME, quienes decían que en varios kilómetros, los edificios se habían derrumbado.
Preguntó si su calle estaba afectada y dijo el soldado que sí.
- Cómo ha sido.
- Los Árboles han abatido con sus raices los edificios, tras hacer caer los cimientos por su descomunal fuerza.
De inmediato pidió al taxista regresar a casa de su abuela pero cuando llegó, todo era desolación y ruina. El tilo había buscado su lugar en la tierra.
fin |