Esta palabra, hoy ya casi en vías de extinción, la rescaté de un autodefinido, a los cuales, soy acérrimo aficionado y que sin ser lo mismo que Lar, si tiene que ver con un instrumento que era esencial en ella. El Fogón. El Llar.
Recuerdo pues la segunda cocina de mi vida, pues la primera la dejé con siete meses de vida. A un hornillo de gas butano, para hacer ricas tostadas, torreznos o pan frito que lo desmigábamos y lo tomábamos con leche o café, en los frios inviernos de Soria, y el llar tan impresionante que lo usábamos para otras funciones propias, siendo este de carbón.
Y entre su negro color, los truenos de las tormentas invernales o los blancos copos de nieve, yo era el niño más feliz de la provincia más pequeña y grande de España.
Antes de que caiga este artilugio hoy ya inexistente con su historia en el olvido, la escribo para recuperar esa memoria perdida o durmiente en el mejor de los casos, siendo digno de tal menester.
fin |