Consumidores de amnesia.

El miedo nos convierte en ancdotas, en maniobras sin alma que convierten el amor en inercia. Inventamos techos que esconden cuerpos, desnudamos sentimientos que puedan acariciarnos desde el suelo. Bostezamos sonrisas, desde un abismo donde la distancia, no permita reflejar nuestra imagen ni en los espejos. Viajamos del miedo al dolor, y para aliviarnos, tan slo nos queda consumir amnesia.

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