El pez que fuma.

La mujer le di una aspirada profunda al cigarrillo. Fuma mientras obseva al pez en su mundo contenido en una caja de vidrio, piensa que si algo le pasara a esa barrera todo lo que el pez conoce, y su vida misma, seran lanzados a un vaco peligroso. Algo similar pasara si alguien le arrebatara a la mujer su vicio de fumar, quedando al equivalente de muerta sin su oxgeno blanco-azulado. Exhal un nubarron y contempl con la cabeza levemente alzada la telaraa de nicotina que absorbia por los cinco sentidos y con el resto de todo el cuerpo. Observ nuevamente al pez en su boqueo incansable. La mujer se recost en la mesa sonriendo; sonriendole al pez con sus dientes amarillos. -Quieres un cigarrillo?-pregunt como si el pez le entendiera. Solt una tos de perro ahogado y escupi una parte de la materia oscura que le devoraba los pulmones, cayendo acodada ms cerca del vidrio. -Tal vez te guste- dijo dejando caer el cigarrilo de sus dedos en el mundo incorrupto del pez; apagando su lumbre pero esparciendo su esencia adictiva. Ella se levant de la mesa buscando en vano aire fresco para sus pulmones resecos, en medio de ese ambiente amarillento, pesado y triste, sintiendo como si una prensa le aplastara el pecho; hundiendola ms y ms con cada intento de respirar, ahogandose en el fango negro que inundaba sus pulmones, hasta que ya no pudo salir a flote. La mujer ahogada y el pez que fuma se miraron otra vez en el cristal de sus mundos limitados al agua y al humo, mundos tan miseramente simples como necesarios para sus propias supervivencias, que cruzar la lnea fuera de ellos significara cruzar la lnea de la vida. Se miraron por ltima vez y cayeron al fondo de sus mundos.

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