EL VIAJE AL INTERIOR DE UNA LAGRIMA Mi morena lloraba y sus lágrimas corrían como torrentes por sus mejillas resbalándose por sus senos y ondulándose por sus pezones, disolviéndose luego en su vientre color canela. Suspiraba haciendo pucheros como niña

EL VIAJE AL INTERIOR DE UNA LAGR IMA Mi morena lloraba y sus lágrimas corrían como torrentes por sus mejillas resbalándose por sus senos y ondulándose por sus pezones, disolviéndose luego en su vientre color canela. Suspiraba haciendo pucheros como niña consentida, lo hacía tal vez por haber perdido lo que jamás se recupera. Con mis besos sequé sus lágrimas y una de ellas quedó sujeta en la punta de mi lengua, bailando, contorsionándose. Sus movimientos eran con una disposición de escape pero imposible de realizar y recuperar su libertad. Al suceder esto una cortina abrióse en el interior de la lágrima y apareció entonces un escenario virtual. La imagen mostraba un jardín lleno de flores que expelían perfumes tan gratos como voluptuosos y lujuriosos que fácilmente se caía en un letargo hipnótico De todas las flores una sola resaltaba mas que cualquiera otra en aquel hermoso hábitat. Esta era una rosa de intenso color rojo como el color de la sangre, como el color de la pasión salvaje, como el frenesí del drogado, irracional, embriagador y dominante. Exacerbaba, hipnotizaba y mas que eso enceguecía y su perfume descontrolaba y sus espinas se erguían con soberbia por sobre todas las demás flores que la rodeaban, sumisas ante tanta belleza se inclinaban humilladas por la prepotente hermosura de la que sin proponérselo era la reina del jardín. De pronto la rosa se irguió, sacó sus afiladas espinas y las clavó en el corazón y en el orgullo de todos sus compañeros. ¿Por qué esa flor que aparentaba ser tan frágil de pronto se transformó en cruel y malvada? Tanto daño podía hacer. Si me sacaba sus espinas, moría, si me penetraban también moría. Seguía observando su endiablado mecer con un ondulado movimiento que mas enloquecía los sentidos de quienes convivían en ese hermoso jardín junto a ella. De pronto la rosa se irguió por encima de todas las flores, desafiante, orgullosa y con mirada despreciativa exclamó: -¡Quién es más hermosa que yo!...Agudizó mas sus espinas mirando con desdén y mas peligrosa que nunca, atemorizaba a sus compañeros del jardín. El clavel tímidamente respondió ; yo no lo hago tan mal, ¿no les parece? Se atrevió a empinarse un poco mas de lo acostumbrado, que el resto de sus compañeros. Pero la rosa con espinas mas filudas que lo demostrado hasta ese momento rozó al clavel hiriéndolo de muerte. La gardenia y la camelia solarizaron con el caído y dijeron: nosotras somos más bellas que tú porque además de bonitas y generosas tenemos almas que nos hacen brillantes y espirituales, lo que tú no podrás tener nunca. La azucena y la violeta hicieron coro cantando y meciéndose acompañadas de una brisa que las hacía cimbrarse coquetamente. Todo el jardín estaba alborotado, pero la rosa con cruel soberbia seguía desafiando a todos sus compañeros y con fuerte furia lanzaba sus mortales espinas hiriendo a cuanto rival se le presentaba. En esto estaban cuando de pronto una brisa que suavemente acariciaba todo el ambiente se transformó en un huracán arrastrando todo lo que encontraba a su paso y se estrelló contra la rosa que aún se erguía agitando su cuerpo en posición de reto imprudente. El huracán se transformó en tornado y se abalanzó sobre la desprevenida rosa arrancándole todos sus pétalos dejándola solo con su rama desnuda, abatida como un vulgar vegetal. En ese momento sentí que salía del interior de la lágrima de mi amada, que desnuda y sin llanto, con los ojos muy abiertos me miraba con un tono de reproche y desencanto. Comprendí lo que insinuaba, olí el perfume natural de su cuerpo y la insinuación del momento que con cruel erotismo me pedía sin palabras que ya era hora que reanudara la lucha, porque el descanso había terminado.

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