Y...¡Siempre volverás!

Ojos en mortaja de ennegrecido pañuelo caminaron por venas de la tierra hacia lumbre cobija de sombras. Con piernas anudadas en luz incandescente bajaste de memoria peldaños de piedra en busca de la ironía del destino, mofador, prestador de ilusiones. El cuerpo arropado en la soledad cruzó cavernas vestidas en líquenes para llegar hasta la consumación del hastío. Estalactitas se clavaron en tu cráneo haciendo rezumar gárgolas de niños, se llenaron tus manos de esperanzas. Con pasos de incierto vidente buscaste a tientas en el corazón del magma melodías irrigadoras de pinturas para conmoverte en sabiduría dejada en ara alumbrada por hombres allegados a historia con final. Encendidos los cirios de tu mente abrigado el corazón por incienso libre de vendas que opacaran tu voluntad volviste al sol y ... ¡el niño que siempre fuiste!. © Lionel Henríquez Barrientos Noviembre de 2007

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