Epílogo

Nada dejo atado ni siquiera tu sonrisa. Mi viaje terminará por entre arces y cipreses, que se confunden con lápidas y que se diluyen entre la escarcha y el lodo. Mi perro aullará canciones, le cantará al viento, lo querrá morder, correrá entre los árboles, buscará mi silueta en sus recuerdos, viajará hacia ella en el hilo de sus aullidos. Morderá su cola rascará sus orejas, se revolcará en el barro, lamerá sus heridas y se echará sobre mi tumba... Viajaré de noche, desnudo vestido con Tu Silueta, amoldándome en Tus Huellas. Tus Lágrimas serán aceite para mis lamentos. Encontraré Tus Huesos encarnados en el polvo y la tierra será mi aliento. Usaré Tu Manto, entonaré Tus Canciones... Mi perro moverá su cola, al sentirme al olerme cuando en viaje hacia el vientre pase por el marco del nicho, para vivir nuevamente en la oscuridad, húmeda, tibia, que vestirá mis sueños en otro despertar y... Sólo páginas en blanco. © Lionel Henríquez B. Septiembre del 2003

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