El Rey de la Apatía

El infierno arde en él, infinito, como una playa interminable que alimenta al reprochable corazón distante y de granito. Se olvida poco a poco del rito y recorre el camino del sable, construyendo un miserable porvenir con cada ladrillo. En la cima de la ruin muralla se corona El Rey de la Apatía sin haber ganado una batalla; no conoce, de felicidad, el día, sólo la crítica, la queja y falla para no afrontar su cobardía.

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