ENSAYO SOBRE LA PAZ HUMANA

PARTE I Si el odio me diera la suficiente fuerza para terminar con mi dolor, aceptara con gusto la oscuridad, de hecho confieso que la he utilizado como herramienta y ciertamente da mucha satisfaccin en su momento, pero de algn modo se vuelve a hundir todo incluso ms profundo, entonces tengo que odiar todava ms intenso para volver a sentir esa efmera paz hasta llegar a una zona desconocida, carente de luz, convirtindome en denso humo que pervierte mis sentidos, y colisiona todas mis fantasas, una especie de zona abisal sobre la tierra. Sin ya nada que perder, uno puede imaginar que entonces puede ser dueo de todo y nada, que la agona de la culpa se qued capas arriba, el miedo del juicio ha desaparecido, y que con esa premisa uno puede ser libre y feliz, pero se esfuma tan rpido que es adictivo, y es cuando el verdadero infierno aparece, la bsqueda repetida de una efmera satisfaccin. El truco de este infierno, es que cuando uno muestra cierto hasto, el infierno te da un poquito ms de satisfaccin extra, para luego dejarte ms tiempo en la oscuridad, y as convencerte de que has avanzado hacia tu rescate cuando en realidad, solo estas cavando ms profundo. Si an opones resistencia, te envan a un ser amado a compartir aquel espacio, ver cmo aquel se come las uas una y otra vez mientras crecen ms y ms y que su pnico hace empujarte a la podredumbre. Te pisotea el orgullo creyendo que as saldr airoso, y tu perfumado de culpa te dejas hundir esperando salvar por lo menos a alguno de los dos. Pero no por eso no hay salida, el truco de este infierno, es como las arenas movedizas, mientras menos te muevas, menos pienses, menos te resistas, menos te hundirs, la quietud es el fragmento que notars que falta en medio de esos espirales de negativos sentimientos y una vez que lo sepas, todo lo dems comenzar a sanar, como la costra que tierna debes cuidar para que sola se caiga, que solo debes observarla y lamerla de vez en cuando, confiando en que tu piel, tu alma curen desde adentro. Hay un frase que dice #8220;La respuesta est en el silencio#8221;, si la miras bien sabrs que es ah en la quietud donde la pureza florece para despus con el arte ser embellecida y compartida. Es entonces que comprendes que el silencio de tus rencores es la paz, que la tormenta en tus pesadillas slo era el marco del ruido en tu cabeza que perturbaba tus verdaderos y nicos sentimientos y que slo estaban ah para que permitieras el asesinato de tu infierno.

Opciones para esta obra:

(solo para usuario registrados)