Y fue así que apareciste
sin que nadie te llamara
uraño, extraño y solitario
lleno de ambiciones.
Y fue así que te recibí
y dije mi nombre,
casual y trivial coincidencia
la de las almas perdidas.
Y fue así que seguí
con la expectativa en vilo
con el asunto pendiente
con la causalidad a flor de piel.
Y fue así que decidiste
que nada importaba
ni con quien estaba
porque tuya debía ser.
Y así, es. |