Todo cuanto acontecìa era extraño, diferente y lejano. Cualquier recuerdo cobraba especial importancia, hasta el màs insignificante y cotidiano.
Las horas pasaban lentamente, aunque èl no se percataba de ello y el silencio era elocuente en aquel escenario solitario, a no ser por èl, por esa presencia suya que aun no llegaba a comprender, ni nadie podìa explicar con palabras.
Sòlo se percatò del sentido de ese dìa, cuando su cuerpo desapareciò frente a él, justo cuando se cerrò la tapa del ataùd. |