Si en tu interior mi nombre ya es ocaso
mejor sería poner fin a este lamento
que seguir por esta senda de indeleble sufrimiento
rompiendo mis vestiduras acaso
hasta la muerte, desnudo como el árbol del campo raso.
Porque si en ti creí, ya eres viento
y aunque expire al decirlo me arrepiento
de haber dado hasta el último paso
y seguir, sin saber, viviendo.
Se quedó grabada en el vidrio
cristal que llevo por dentro
¡Émula!. Ya está anocheciendo.
Como cada noche oiré tu nombre
aquél que por mis venas fue río
y alimentó mi existencia de hombre. |